Puede llamarse Jonathan, Carlitos, Jean Carlo, eso no importa, lo relevante del caso es que hoy cuando terminé mis labores y me acerque a tomar el transporte de regreso a casa, me toco nuevamente hacer parte de una escena que me sigue cuestionando.
Creo que él venía del sector de Primavera o de Bella vista, buscando como tantas otras veces la oportunidad. Me miro desde lejos como dudando, pues en otras ocasiones lo había intentado y sabia que se exponía a que hoy le ocurriera lo mismo, encontrarse con la respuesta no deseada, como así fue.
Era un niño de 11 años, delgado, sin medias, con los zapatos de la escuela pelados y rotos de tanto caminar, seguramente de jugar al futbol y darle patadas a las cosas. Unos mochos hechos de un Jean azul, una camiseta colgada de lo flaco, tez morena, cabeza rapada. Con el abandono marcado en la apariencia, el hambre en las tripas, los ojos hundidos y la piel arrugada de la desnutrición.
Al final se decidió, pues se percato que lo observaba, se puso las manos en la cabeza, dio una vuelta sobre sí, medio agacho la mirada y acto seguido me dijo: ¿Tiene cien?, como queriendo decir “me regala cien pesos”.
Yo me quede en silencio, luego de mirarlo, le pregunte en tono familiar ¿Por qué te dedicas a pedir? su respuesta fue clara, porque en la casa no hay comida.
¿Y tú mamá? en la casa, es que ella trabaja en casas de por días, haciendo oficios y mantequeando.
¿Y tú papá? en ese instante se mando las manos a la cabeza, paso un momento y con su voz de niño me dijo “A él lo mataron”….
Me volví a quedar en silencio, preguntándome sobre ¿cuál es la situación real de los niños de La loma, qué estamos haciendo para mejorar lo que está pasando…?, o será mejor que nos hagamos los de la vista gorda y cerremos los ojos, y nos montemos al transporte y pasemos derecho frente a lo que nos sugieren los niños. ¿Será mejor pretender ignorar lo que antes vi…?.
El sábado anterior, uno de esos niños intentó hacer lo mismo, en esa ocasión no tuvo tiempo de acercarse, de inmediato le salió alguien al paso interrumpiendo su intención… prometiéndole garrote y patadas, pues parece que ya le habían advertido que no lo querían ver pidiéndole a la gente en El Guamo.
El Guamo es, guardadas las proporciones, el Parque Berrio de La Loma, allí queda el terminal de los buses de San Javier – La América 223 y es el sitio de paso de los de los colectivos de San Cristóbal. Es el centro comercial y lugar obligado para llegar a cualquiera de sus ocho sectores.
Hacemos como los alcaldes en las ferias y las fiestas de los pueblos y escondemos a nuestros mendigos, a los pobres, a las putas y a los habitantes de la calle, pues los turistas y la prensa no pueden verlos, por lo de la mala imagen.
¿Dónde están los padres, y si son huérfanos, donde están la personas responsables de ellos?
No es para nada agradable ver como un desconocido coge a un perro a patadas y nadie dice nada, ¿Cómo sería si cambiáramos al perro por unos de estos niños, será que seguiremos tan indiferentes frente las situaciones de indefensión y abandono en que se encuentran?…
¿Qué hacer, qué proponer, cómo no sentirnos inútiles frente a los huérfanos de la violencia, ante los abandonados por sus familias?.







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Risig Voices On Line


Estas realidades del barrio han sido muy ajenas a todos sus habitantes… Muy interesante que este espacio se esté prestando para sacarlas del anonimato.
Un abrazo.
Tu relato es desgarrador. Y la solución debe salir del colectivo, de que la comunidad barrial le busque salidas al problema de la mendicidad infantil en lugar de confrortarlo con más violencia de la que éstos niños ya han sufrido.
Yo diría que la Acción Comunal o la Junta de Vecinos deberían reunirse a pensar y a buscar soluciones ya sea internas o acudiendo a la ayuda del Estado colombiano. Que para eso existe y ya es hora de que responda y ayude a las víctimas de la terrible violencia que desgarró a la Comuna XIII durante tanto tiempo.